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Mi testimonio del Campo de trabajo en Alcuéscar.

Cuenta conmigo. Cuenta conmigo…

Cuenta conmigo si lo que me propones es una oportunidad para los que nadie ama. Cuenta conmigo si lo que me pides es responder con amor lo que nuestro mundo desprecia. Cuenta conmigo si lo que intentas decirme es que no perfume ni adorne mis palabras para contar lo que viví durante una semana en Tu casa.

Hace ahora un mes que volví de Alcuéscar (Cáceres), de la Casa de la Misericordia. Un grupo de 13 chavales de Sevilla de la asociación Manos Jóvenes (que pretende desde el voluntariado crear un compromiso con la sociedad) nos plantamos allí dispuestos a pasar una semana con los residentes de esta casa… Allí convivimos con ancianos, personas con discapacidad, drogodependientes, sordomudos, algún inmigrante y personas que, sin familia, vivían allí. Durante la semana los acompañamos en sus rutinas más sencillas: asearlos, limpiar baños, dar paseos por el pueblo, tomar café juntos o echar un dominó, y también en extraordinarios momentos como la organización de un bingo, un cuenta cuentos o una sesión de cine…

Un sitio mágico. Imagina una casa que acoge a personas que han delinquido, que han robado, que han violado, maltratado, y reciben una oportunidad. Una oportunidad que como humanos, todos merecemos, pero que como hijos de Dios, no admite discusión.

¡Fíjate qué locura!

Una lógica que solo a los ojos del amor de Dios puede ser contemplada. Mientras que un mundo responde con odio a situaciones de discriminación, aquí encontramos lo contrario. Una casa que los acoge, que los atiende en sus necesidades, que organiza mil actividades para ellos, que les da libertad de entrar y salir (literal) y paseen por el pueblo… ¿Quiénes somos nosotros para encadenar? Pienso que es nuestra creencia de superioridad ante estas personas la que nos hace presuponer que somos jueces y que decidimos qué grado de dignidad tienen y qué pueden hacer y qué no. Por favor, que nuestros juicios estén alejados de nuestra comodidad, que nuestras manías clasificatorias por tenerlo todo controlado no nos lleven a encasillar a los privilegiados de Dios como inútiles…

Ha sido para mí un momento de arrodillarme, ante un Dios que se desnuda para descubrirse en sencillez. Ante unas personas que no tenían que hacer ningún teatro ante nosotros, que no tenían que dar la talla ante nadie porque demostraban lo que eran siendo.

Un momento también de reafirmar mi fe, mis convicciones… ¿Qué sentido tiene tener fe? Recuerdo una canción: “y si os amáis de verdad y dais cobijo al más pobre, quién podrá contra vosotros y vuestras obras condene”. Un cristiano está llamado a hacer lo que se hacía en esta casa, a amar lo despreciado, a hacer lo que hacían los hermanos de esta casa, los esclavos de María y de los pobres: poner en práctica la misericordia de Dios.¡Vaya palabra, misericordia! En las cosas de Dios, hasta que no lo palpas no te atreves a verbalizarlo, o al menos, eso me pasa a mí.

¿Quién podrá cuestionar lo que crees si te lleva a lavar los pies de los que nadie quiere?

¿Quién podrá atacar tu coherencia si con tu vida muestras que partirte la cara por un mundo más humano, el Reino de Dios, merece la pena?

Cuenta conmigo, si por fe, siento hermano al más castigado.

 

 

Elisa Barbero

 

 

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