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Testimonio de un joven cacereño en la JMJ de Brasil

El 14 de julio un grupo de jóvenes de la diócesis Coria-Cáceres, nos pusimos rumbo a Madrid, para juntarnos allí junto con 118 personas de toda España con la Conferencia Episcopal, para viajar a las JMJ de Brasil, el primer destino era Sao Paulo. Tras casi 11 horas de vuelo llegamos a Sao Paulo, allí nos esperaba una semana donde participamos en la Semana Misionera, donde vivimos repartidos en familias en un barrio muy humilde y sencillo. Al principio, llegamos un poco asustados, pero fue cuestión de minutos, cuando nos dimos cuenta, que a pesar de la pobreza que allí se veía, había algo que sobresalía sobre eso, la alegría con la que nos recibían, la ilusión de acogernos, y que a pesar de no tener nada, nos abrían sus casas y nos
daban todo y más. Durante esa semana recorrimos los barrios de favelas, visitamos a las familias que allí viven y participamos en dos parroquias, donde encontramos una iglesia joven, viva, alegre y llena. Las Eucaristías allí no tienen tiempo, lo importante es disfrutar y vivirlas, los cantos, las palmas, los signos, son palpables todo el rato, y el silencio y recogimiento cuando toca es total. Para ellos, la misa es una fiesta, es un encuentro verdadero con Jesús, de ahí la alegría que contagian en cada canción, salmo, oración, etc. La idea inicial era evangelizar allí, darles algo de nosotros, pero no fue así, allí hemos recibido constantemente de ellos, a través de signos, miradas, gestos, canciones… y gracias a eso hemos aprendido mucho y nos ha colmado de fe, de esperanza, de saber que la iglesia es joven y muy viva, y que hay muchos medios para conseguirlo. De alli hemos salido evangelizados. Después de una semana allí, nos pusimos camino a Río de Janeiro, previa parada en el Santuario de Aparecida, donde está la patrona de Brasil y donde celebramos una eucaristía. En Río pasamos ocho días, donde empezamos haciendo turismo. Visitamos el centro de la ciudad, el Pan de Azúcar, subimos al famoso y majestuoso Cristo Redentor del Corcovado, desde donde se divisa toda la ciudad, sus playas, bahías, etc. El martes 23 tuvimos la Misa inaugural de la JMJ en la playa de Copacabana, presidida por el arzobispo de Río de Janeiro, donde a pesar de la lluvia, disfrutamos de ese encuentro festivo, y donde ya había más de un millón de jóvenes. Los siguientes días, empezábamos la jornada con catequesis en parroquias, previas a la eucaristía, con obispos de distintos países del mundo, nosotros las tuvimos con el obispo de La Habana, de Panamá y con el Superior General de los Agustinos de EE.UU. Fueron momentos de encuentro, de reflexión y de animación. Y el jueves 24 llegó el ansiado día, el acto de bienvenida del Papa Francisco con todos los peregrinos que nos habíamos desplazado hasta allí. Desde varias horas antes, la playa de Copacabana estaba repleta, especialmente el recorrido que haría el Papa con el Papamóvil. El Papa se mostró entusiasmado por la presencia de tantos jóvenes y ese entusiasmo nos lo trasladó a todos. Su mensaje sencillo, humilde y directo llegó a todos y cada de nosotros. Al día siguiente, tuvimos el Vía Crucis, momento muy emocionante, donde el Papa nos dijo: “Y tú, ¿Como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María? Jesús te está mirando ahora y te dice: ¿Me quieres ayudar a llevar la cruz?. El sábado peregrinamos hasta Copacabana para participar en la Vigilia y hacer noche allí, para la Eucaristía del Envío del domingo. Fue impresionante ver a más de tres millones de jóvenes de todo el mundo, cantar, bailar, reír, y profesar una misma fe, todo en concordia, sin altercados, porque unía lo mismo; Jesús. Durante la Vigilia vivimos el momento más emotivo y más cercano del Papa. Donde nos pidió muchas cosas a los jóvenes, curas y obispos y donde dejó frases para el recuerdo y para poner en práctica: Jesús nos pide que «juguemos en su equipo»”. Y, ¿qué hace un jugador para desempeñar bien su papel en un equipo?, preguntó Francisco a los jóvenes. “Debe entrenarse y entrenarse mucho. Así es en nuestra vida de discípulos del Señor”, porque “¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz, y también un futuro con él”. Así nos animaba y entusiasmaba el Papa en la Vigilia de Copacabana, a los jóvenes que allí nos congregábamos para escucharle, para sentirle cerca y para renovar nuestra fe. Han sido 15 días de no parar, de conocer gente, sitios, canciones, maneras de vivir la fe, de alegría, de cansancio, pero que nos han traído de vuelta a España cargados de esperanza, de entusiasmo, de felicidad, y con ganas de poner en práctica lo vivido y recibido, ya que para jugar en el equipo de Jesús hay que entrenar día a día, ya que una vida fecunda y feliz, es lo más importante que podemos conseguir. Nos vemos en #Cracovia2016 

 Pablo Bonilla

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